Los hechos y personajes de este blog son ficticios.
Se desprenden de la visión parcial y parcializada de su autor.
Cualquier parecido con la realidad es mera obsecuencia.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Volante de un partido burgués sobre lo acontecido en las últimas elecciones primarias.

 Volante de Proyecto Sur
Lo lograron, pero seguiremos
Volante de un partido burgués sobre lo acontecido en las últimas elecciones primarias..

Como era su cometido los partidos proletarios se han unido y gracias a la ley que nos quiere proscribir y silenciar a la clase media, a la oligarquía han impedido que podamos presentarnos en las elecciones generales de octubre. Ese Frente de Izquierda, que no es más que una representación cabal de los intereses de los trabajadores a quienes van a llevar a la revolucíon socialista e instaurar la dictadura del proletariado, tras el cual se han alineado absolutamente todos los obreros de este país, representa la clara prueba de lo que siempre dijimos y por eso nos quisieron silenciar y lo han logrado con este sistema que favorece a los partidos de los desposeídos, de los explotados, de los que todos los días se levantan de noche para ir a laburar re cagados de frio. Y así lo demuestran los resultados. El Frente de Izquierda se ha alzado con el 2,4 % mientras que nuestra fuerza no a alcanzado lo que esta proletaria ley le exigía con intención de que ya no puedieran votarnos. Como anticipamos: nos proscribieron, nos dejaron sin la posibilidad de denunciar y decir todo lo que se perjudica a la clase media, al profesional, al medio pelo y al oligarca de Barrio Norte.

La prensa obrera, con Rial a la cabeza: un aliado crucial para la revolución socialista.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Humedad, mates y memoria.


200 % por ciento de humedad en Olavarria. Tardecita al pedo. Muy al pedo. Me hago unos mates. Tranqui eh. Me pongo un disco de Arbolito, hago anotaciones. Un cuaderno “Exito”, otro “Gloria”, unas hojas  “Ledesma”. Un texto de la facu impreso en una A4 “Autor”. Tranqui. Como ya saben. Mamboleiro. Lo tomo dulce, porque soy así de rebelde. Azúcar “Ledesma”. Las cremas de “Avon” me hacen acordar al baño de la casa de mi abuela y a señoras perfumadas. Pienso. Cambio los canales. Fútbol, fútbol, fútbol.  Grondona sigue en la Afa y pasan una noticia de cuatro tipos muertos por la Policía. Algo relacionado con los ingenios “Ledesma”. Pienso. Cúantas cosas nos quedan de la dictadura. No hay que ir muy lejos para encontrarlas. Pienso en las elecciones. Hay que seguir sacándonos cosas de la dictadura. Como lo venimos haciendo. La nieta 105. No puedo encontrar el cierre de Cristina che. Las elecciones ya son este domingo. Y con Cristina le seguimos sacando cosas a la dictadura.

lunes, 25 de julio de 2011

La pelota no se ignora


Basta de Grondona. Pero ojo, muerto el perro no se acaba la rabia. Basta de la FIFA.  Basta de eso de vender una mercancía llamada fútbol. Basta de manchar la pelota en horas y horas de transmisión de tipos trajeados y maquillados  montando un show tan lejos  de las canchas como del pudor, que dictan sentencias con presunción de magistrales, de definitivas. Basta de viejas chusmas hablando de vestuarios. Basta de medir los equipos en millones y hacer comparaciones tan básicas como improbables. Basta de debates lineales. Basta del minuto a minuto. Basta de parásitos que viven de triangulaciones, de talentos, de versiones y de mentiras. Basta de viejos gordos que sólo acumulan panza y guita paseándose por cócteles paquetes donde se descorcha champán (y guarden los corchos para un bote hacer) y tan poco se habla de fútbol.
Basta de Batistas. Basta de garcas que se presentan como alternativa a Grondona y muñecos super maquillados vendiéndose como rebeldes. Basta de Niembros, de Libermans. Basta de esa forma de discutir en mesas de amigos tan a lo Fantino, hablemos de fútbol, de goles, jugadas, números cinco, delanteros, tipos que cabecean bien, que patean tiros libres, que atajan, que te cagan a patadas.
Basta de fútbol marketing, basta de Grondona, basta de la FIFA.
Basta de todos los que no sólo manchan la pelota sino que la ignoran al momento pensar y hablar de fútbol. Es ella la única garantía de que el fútbol sigue siendo algo hermoso.
La pelota no se mancha, el fútbol no se codifica.

lunes, 13 de junio de 2011

Historia de un gol

La primera vez       

Para el tipo que hizo feliz a un pueblo ejerciendo 
el arte de meter la pelota adentro de un arco.

   Hasta aquel día todo le resultó provisorio, temporal, innecesario. Los días le quedaban incompletos y las noches eternamente redondas como un reflejo de su propia parcialidad y su desvelo como  pibe al que le falta algo, algo de lo que, se supone, no carece  ningún tipo grande, algo que parece ser la base donde se asientan todos los sentidos de la vida de cualquier hombre. Pero también sabía que todo sería así hasta aquel momento que no llegaba y que no tenía ni nombre ni color ni fecha.     También sabía que se quedaría afuera de cada charla en se que alcance el punto en que se toca ese tema. Porque claro, cómo no hablar de eso entre muchachitos compadrones y más si entre la banda hay pibes con algún año más que el resto. Cómo no iban a hacer gala de sus hazañas si para eso servían las charlas en el baldío, con la espalda apoyada en los bloques del paredón, el culo en la tierra fría y algún cohete fugitivo. Y cómo no iba a quedarse callado él que todavía no lo había logrado. Y cómo no lo iba a cargar algún grandote para hacerlo sentir un pendejo pelotudo que nada tenía que hacer entre los de más experiencia.
    Las interminables noches con una sola idea en la cabeza dando vueltas de mil maneras, proyectándose en múltiples formas y posibilidades. Las fantasías, los temores, las preguntas y la ansiedad, todo intercalado con las ganas infinitas y las vueltas en la cama, para acá y para allá y todo el mambo de nuevo y así cada vez que intentaba dormir.   El andar por la calle con la idea firme entre ceja y ceja. La certeza de que todo era provisorio, que ya cambiarían las cosas y podría caminar más tranquilo, más seguro de sus chuequeadas, de sus ideas. Porque todo sería distinto. Su confianza, su mirada, su forma de pararse, de acercarse a los demás. Todo lo haría como esos tipos tan felices que no debían  cargar con el lastre con el que él cargaba y que tanto peso le hacía. Qué problemas podían tener los que no tenían el suyo. Ninguno. Todo lo demás le resultaba accesorio,  partecitas que se anexarían a ese tipo firme y completo que sería luego de su primera vez.
      Pero ahora ya está. Acaricia la sábana y en su textura descubre que no todo es tan perfecto. Disimula las ganas de mear y cierra los ojos tratando de que no sea su cuerpo el que vuelva a mandar sino algo menos doloroso como podía ser su alma, su ser espiritual o valla a saber qué cosa de esas que inventa  la gente para no sentirse tan vacía.
      Qué distinto sería su andar por el vestuario ahora. El pecho inflado y la pera en noventa grados igual que antes pero ahora con motivos. No exageradamente porque no se sentía un campeón, pero sí con confianza, sabiéndose uno más de los que estaban del otro lado de la frontera que marca ese instante en la vida de un hombre y que le tatúa la vida entera, antes por no ser y después por etapa superada. Cuántos ensayos en horas desubicadas. Cuánta práctica con gusto artificial, copias truchas y mal hechas de lo que verdaderamente fue su primera vez.  Cuánta fantasía inútil, cuanto idealismo.    
    Mira el cielorraso. Después de  largo rato logra descubrir de qué se tratan las imágenes que ya dejan de ser manchas de humedad para ser una tortuga, el logo de una marca de zapatillas y una mancha propiamente dicha, con forma de mancha, color de mancha, vida de mancha rebelde a las comparaciones. Toca la sábana, siente plenitud, un estado mental al  que no le importa dar testimonio de la realidad ni conectar los objetos del mundo que lo sostiene con los de su memoria, ni su estadía allí con la casa de sus viejos, su laburo, su moto, sólo eso, eso que tanto había estado esperando. Y vuelve, como una  rabiosa y suave revancha, a esos días en los que andaba imaginando cómo sería  lo que finalmente ocurrió. Pero no se apura, sostiene las imágenes largamente y nos las deja escapar antes de darles unas cuantas vueltas.
      Vuelve a abrir los ojos para asegurarse que esas imágenes tienen un anclaje en la realidad de una habitación blanca con manchas de humedad en el cielorraso. Se destapa el pecho para asegurarse de sentir el chiflete que quizás se meta por alguna hendija de la ventana  y trata de no apresurarse, intuye lo que pasó pero intenta no recordar todo de golpe. El momento marca un punto de quiebre en la articulación de sus días, lo quiere disfrutar, repasarlo segundo por segundo, darle vueltas por todos lados, ir reconstruyendo el acontecimiento sin pasar ni un solo detalle por alto.
 Quizás de eso se trate la naturaleza humana, porque sin quererlo comenzó a relacionar cosas y a recordar. Esa tarde, el sol de frente, a media altura, le pegaba en la vista jugando  como un rival más. Nada le haría  dejar de mirar en la dirección por la que ella vendría. La esperaba como tantas veces. Ella que podía ser muchas, pero que siempre era ella. Ella que un día llegaría, como ocurría cuando él no iba a buscarla. Aunque siempre el encuentro necesitara de su parte, su adelanto, su insinuación.     Ella va a venir por ahí y nada más importa, ni el tipo de uniforme que vigila todo, ni los tipos desencajados que detrás de él se empujan y discuten. Nada, sólo él y ella que vendrá por ahí y valla uno a saber qué. Habrá que esperar que los recuerdos lleguen tranquilos, sin chamuscarse. Cuando siente que todo va demasiado rápido, intenta darse vuelta en la cama. Un dolor profundo en el costado izquierdo lo hace volver boca arriba. Contra su voluntad y detonados por aquel puntazo, los recuerdos se le rebelan y se proyectan furiosos.
   El Tatu acomoda la pelota casi en la mitad de la cancha. A la olla, es la orden. El centro viene de frente y el Anguila  decide ir sobre el arquero. Los empujones van a terminar decidiendo la suerte de aquella pelota que viene pasada y que él busca por detrás de todos libre de su marcador que siente como un toro a toda carrera que viene furioso en búsqueda de su casaca roja. Pero ya no lo alcanzará, la pelota comienza a bajar y el arco se encuentra completamente sólo, el encuentro será en el segundo palo con el inevitable resultado de la conquista. Todo está decidido, el tembladeral que siente a sus espaldas será estéril.    
El frentazo hacia abajo, como dicen los que saben, el pique largo y la red que apenas se conmueve cuando antes de volver a tocar el piso su perseguidor lo estrella contra el  caño blanco despintado que insinúa un color azul ni bien se desprende del pasto. En el piso se retuerce de dolor.  Dos costillas quebradas  son el resultado de su primera vez. 
- Vale la pena.- dijo con la sonrisa extasiada. 

 Gracias por el optimismo
 



martes, 7 de junio de 2011

Yo, tu, él... todos choripaneados.

        La lengua es dinámica, va cambiando, adaptándose a la realidad al mismo tiempo que también la modifica. Los hablantes la van transformando día a día con la utopía de  poner todo en palabras, aunque, claro, el mundo es tan formidable que constantemente les demuestra que sus intentos son en vano y que la transformación de la lengua los transforma a ellos.     Sin embargo las personas no cesan en sus intentos,  inventan palabras, dejan de usar las obsoletas y hasta reciclan aquellas olvidadas.
        El verbo “choripanear” es una innovación en nuestra lengua. Ha irrumpido en nuestro hablar cotidiano y se ha convertido claramente en un verbo con alto contenido político.  En verdad, si tenemos en cuenta que el reconocimiento que aquí realizamos del neologismo se hace  tomando  la forma en que es usado y no en términos gramaticalmente  ideales o absolutos, se debe  señalar que normalmente se trata de un verbo compuesto en voz pasiva que necesita de los auxiliares “ser” o “estar”. “Estar choripaneado” o “ser choripaneado” serían sus conjugaciones más habituales.
     En tal sentido su composición con el auxiliar resulta fundamental ya que se supone que el sujeto no realiza la acción sino que la recibe.
    En el ensayo  de la reconocidísima intelectual Bety Saldo “El populismo y la choripanización del ciudadano en la era del Fútbol para Todos” se puede ver claramente cómo este neologismo es central en su análisis y de qué manera se utiliza: “Históricamente el peronismo ha choripaneado a la gente, esa es la base de sus multitudinarios actos y sus triunfos electorales. Es una constante en nuestra historia desde el 17 de octubre de 1945 hasta nuestros días, ese sería algo así como su mito fundacional. (…) Siempre se ha choripaneado, Perón y Eva Perón fueron quienes mejor explotaron este recurso y ese es el rasgo principal de los populismo en países retardados como los de América Latina”.
    Es esta una de las características fundamentales del uso del verbo: la inconsciencia de parte de quién recibe la acción. De esta manera se infiere que alguien puede choripanear a otros y esos otros pueden ser choripaneados, pero de ninguna manera alguien puede choripanearse a sí mismo ya que la autochoripanización consciente anula la choripanización y ya pasaría a ser otra cosa. Es decir que el sujeto choripaneado actuaría en función de su choripanización pero no  la  advertiría. 
      En la misma línea va el ejemplo del candidato del Partido Sin Obreros que al ser consultada su opinión sobre las encuestas que estarían dando como ganadora a Cristina Kirchner en las próximas elecciones presidenciales declaró:
  “La gente está completamente choripaneada. Los votos K son, sin duda, votos choripaneados y  aunque sean de muy baja calidad, serán los que seguramente inclinen la balanza hacia la continuidad de este sistema  capitalista y burgués. Si los trabajadores no estuviesen choripaneados seguramente se darían cuenta de que nuestra propuesta es la que mejor refleja lo que ellos deberían pensar.”

La conjugación en tiempo presente:

Yo estoy choripaneado
Tú  estas choripaneado
Él está choripaneado
Nosotros estamos choripaneados
Vosotros estáis choripaneados
Ellos están choripaneados

¡TODOS CHORIPANEADOS!


viernes, 13 de mayo de 2011

No sean caretas (Vamos las bandas)

    Me cuesta hablar sobre Cromagnon. Me cuesta señalar  gente con el dedo, me cuesta “ese, ese tiene la culpa”, me cuesta ponerme del lado de la banda, me cuesta ponerme en fanático y decir “basta de culpar a Callejeros” como lo hacen las personas que  siento más cercanas en la manera de ver y pensar las cosas. Qué se yo, lo único que me animo a decir cuando sale el tema, si es que se me acorralan y no se me permite no opinar, es que es una tragedia de todos, un drama que lleva a replantearse toda una forma de organizar nuestra vida como sociedad, un hecho de mierda que nos tiene que hacer parar la pelota y repensar un montón de cosas. Qué se yo, me cuesta hablar de ese tema.
       Pero me molesta mucho el bastardeo al que se está sometiendo a  esos pibes (y a todos los que pudimos haber estado ahí) en los medios de comunicación con todas las boludeces que se dicen a partir del nuevo bajón: el pibe que se murió tras sufrir un accidente con una bengala (o algo así) en el recital de La Renga.
    Hasta los programas más progres y más kompañeros (678, por ejemplo)  se han puesto la careta y se ha recurrido a ideas tales como “la futbolización del rock”, la decadencia de la cultura popular durante los noventa reflejada en los miles y miles de pibes que siguen a bandas de “rock barrial” o “rock chavón”, las ansias de protagonismo del público rockero que no entiende que el show está donde tiene que estar que es arriba del escenario y que busca su estrellato con banderas, bailes, cánticos y recurriendo a lo que parece ser el gran enemigo público por estos días: las bengalas (concepto que encierra todo tipo de arsenal pirotécnico).
¿Qué les pasa? (Y voy a escribir así, como lo diría, argumentando de un tirón, gesticulando enérgicamente con las manos y recurriendo a las palabras que más a mano tengo)
        Atacar a los grandes movimientos rockeros que se popularizaron y masificaron en los noventa (como pueden ser los Redondos primero y La Renga, Los Piojos después ) tras la muerte de un pibe es sacar todo el gorilismo más asqueroso que tenemos adentro como sociedad.
        La llegada del rock a los grandes estadios no es un símbolo de la decadencia de nuestra cultura como se ha dicho por estos días. Sino todo lo contrario. Las misas paganas de los redondos, (como los rituales de Los Piojos) significaron un refugio de valores tales como la solidaridad,  la libertad, la igualdad, el orgullo de ser argentino y el sentirse parte de algo. Mientras todos se comían el verso de que la felicidad estaba en la guita, en el individualismo, el sálvese quién pueda, cuando el ismo más inclusivo era el  consumismo y la era de la boludez parecía eterna había miles y miles de pibes que recorrían el país siguiendo a estas bandas, sintiéndose parte de algo que iba contra la corriente, que era perseguido, prohibido (como pasó en Olavarria) y mirado con malos ojos por el pensamiento más conservador que tan contento estaba con el menemato. Ese sentir es la argentinidad más pura, la combativa, la que no tranza con los garcas, ni los vendepatrias, ni los milicos, la inclusiva, la que no discrimina ni por el color, ni la pilcha, ni la guita, ni el apellido. Porque somos todos ricoteros, somos todos piojosos, somos los mismos de siempre… eso, somos todos algo, todos somos parte de esto, uno es todos y todos somos uno.
El sentido de pertenencia es muy fuerte, por eso los trapos, por eso los cánticos, por eso el aguante. Cuando todo lo social se caía, cuando los lazos solidarios sólo quedaban en la memoria de los viejos, cuando el vecino y el compañero de laburo pasaron a ser competidores, había pibes que pintaban banderas, que se abrazaban en un salto único y multitudinario, que cantaban a coro canciones con aguante, que querían mesclarse en la muchedumbre y sentirse parte al son del rocanrol nacional. Y que por sobre todas las cosas, levantaban la bandera argentina. En los recitales de los redondos se  cantaba el himno y una vez obligaron a irse del estadio a un desubicado con la remera inglesa. Pero ojo, no se trata de ese nacionalismo delirante de Dios, Patria, familia y propiedad. Es la argentinidad del “el que no salta es militar” y “una bandera que diga Che Guevara…”, “y en toda la argentina comienza el carnaval”.
     Es por eso que hago una defensa de eso que ahora llaman despectivamente “la cultura del aguante” o la “futbolización del rock” y que tanto se ataca desde esa mirada gorila que presenta al pogo como un acto de desenfreno donde muchachitos resentidos y egoístas aprovechan para golpear al que tienen al lado. Nada que ver, serían impensables los recitales con cien mil personas (como lo fue el último del Indio en Tandil) si los pibes y las pibas que concurren no tuvieran valores tales como la solidaridad, el compañerismo y el respeto hacia el otro, si no fueran conscientes que se tienen que cuidar entre ellos y que son todos iguales sin distinción de clase ni de ningún otro tipo.
       No sean caretas, no den rienda suelta a su gorila más íntimo o declarado aprovechando el dolor de miles y miles.¡Vamos las bandas!



miércoles, 27 de abril de 2011

Hoy pego su foto en la pared.

En el 2003 yo tenía 15 años. Hacía cosas de un pibe de quince años bastante pelotudo y pensaba de la misma manera. El 25 de mayo de ese año, asumía la presidencia un tipo del que yo solo sabia que se le patinaban las eses y que su apellido era impronunciable, tanto como para que una compañera del colegio sufriera gastadas diarias luego de que la bandita del fondo descubriera que no le salía, que no lograba articular los sonidos entre Ki y ner.  A mí ese domingo no me resultaba para nada extraordinario, en mi casa miraban el acto de asunción por la tele y yo escuchaba música en mi cuarto. Nada fuera de lo normal, un nuevo presidente, más de lo mismo, en qué puede modificar mi vida si sólo quiero patear una pelota y escuchar Los Piojos, un domingo amargo como todos los domingos y más este sin fútbol y un “mirá, mirá” que me llega desde la cocina. ¿Qué podía llegar a haber para mirar? ¿qué parte del protocolo podría ser digna de observación sin que sea por protocolo ciudadano o algo así? No le dí bola (el tipo había estado haciendo malabares con el bastón de mando, había abierto las vallas, se había metido entre la gente en pleno que se vallan todos y una cámara le había rajado la frente)…  
    Pasaron seis meses desde que lo lloramos. Yo, que no creo en los homenajes, hoy cuelgo un cuadro más entre los íconos que uno valla a saber para qué tiene, pero que los tiene, porque los necesita. Y le hago un homenaje. Nunca pensé que podía llegar a hacer un homenaje. Por lo menos uno tan íntimo. El tipo es increíble. Tampoco nunca pensé que podía pegarme tan mal la muerte de alguien a quién sólo vi en persona una sola vez en mi vida y como a cincuenta metros. El tipo hizo que me conozca a mí  mi mismo.
      Ahí esta, junto al Diego, el Indio y el Che. Y me pregunto cuál es la lógica que me lleva a elevarlo a tan selecto pedestal. ¿Qué es lo que los une? Todos tan distintos, tan alejados en sus actividades. Claro, ahí entran las clasificaciones utilitaristas. Un jugador de fútbol, un músico, un médico y un político. ¿Qué tienen que ver? Vistos de esa manera seguramente que ninguna relación se puede encontrar. Cuatro argentinos. Cuatro tipos que se rebelaron, que irrumpieron en una realidad para modificarla para siempre, que desafiaron los mandatos dominantes en lo suyo y en su tiempo. Y lo más importante, tipos que se hicieron carne en miles de otros tipos, que marcaron a fuego la argentinidad, la argentinidad posta, esa que brota del barro donde los más humildes caminan a diario y donde patinan los poderosos. Que lograron dejar un legado, una bandera que dice todo con una sola cara, con un solo símbolo. Y quizás sea ese legado el que se muestra en foto pegada en la pared, esos sentidos que trascienden a la imagen, a la persona. Por eso son tan complejos, por eso es tan difícil explicarlos, por eso es tan difícil argumentar en términos absolutos, fundamentar sin contradicciones, porque es algo que surge de lo más profundo de uno y de lo más fuerte del sentimiento colectivo.
Y ahí tengo la foto del tipo en la pared. Para siempre.