Los hechos y personajes de este blog son ficticios.
Se desprenden de la visión parcial y parcializada de su autor.
Cualquier parecido con la realidad es mera obsecuencia.

viernes, 28 de enero de 2011

La inseguridad como zoncera del siglo XXI (o "seguimos escribiendo el Manual")

Nuestro amo juega al esclavo
de esta tierra que es una herida
que se abre todos los días
a pura muerte, a todo gramo.
-Violencia es mentir-

Con el miedo bandera,
la seguridad: la santa bobera, 
con el culo en las manos
van cayendo tus sueños en este estofado.


            
Arturo Jauretche en  su “Manual de Zonceras argentinas” (1968) define a las zonceras como “principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia (y en dosis para adultos) con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido” y nos invita a liberarnos de ellas por medio de su simple reconocimiento, ya que, “cuando el zonso analiza la zoncera deja de ser zonso”.
       El gran debate de estos días sobre la baja de edad de imputabilidad para los menores a 14 años evidencia una de las mayores zonceras con las que convivimos hoy en nuestro país y la cual se podría enunciar de la siguiente manera: “El mal que aqueja a la Argentina es la inseguridad y la solución debe ser inmediata”.
   En el sostenimiento de esta zoncera juegan el rol protagónico algunos medios de comunicación presentando a la “inseguridad” como el gran drama de nuestro país. No digo que  no sea un problema, que no sea “el gran drama” para aquellos (víctimas de víctimas) que sufrieron alguno de los hechos de los cuales se encolumnan tras el sencillo título de “inseguridad”, claro que  es un tema que debemos resolver como sociedad, un debate profundo que nos debemos dar.  Pero de ninguna manera ese debate puede estar conducido por quienes se valen del morbo de envolver las noticias en el dolor de las víctimas y el machacamiento constante ocupando la mayor parte del tiempo de los noticieros, dejando de lado otros temas que son cruciales en nuestros días y que ni siquiera se los menciona, como lo son la desigualdad y la exclusión (social, económica y cultural) que claramente tendrían que estar por encima de los titulares que hablan de “inseguridad” y que podrían incluir a este último como una consecuencia o una faceta del verdadero “gran drama”.
      La receta es sencilla. Se presenta un hecho que puede ir desde el arrebato de un monedero en la calle hasta un “ajuste de cuentas”, pasando por un secuestro extorsivo o un pibe al que matan para robarle el celular, bajo el título de “inseguridad”. Los siguientes pasos consisten en repetirlo hasta el hartazgo, escarbar groseramente en las reacciones de personas quebradas emocionalmente, exponer las declaraciones más extremadas, basadas en el dolor y/o la furia de un momento único en la vida, advertir al destinatario del mensaje de que el próximo puede ser él o cualquiera de sus seres queridos, generar miedo, desconfianza y paranoia y seguir buscando otro acontecimiento que dé con las condiciones para meterlo bajo el mismo título, mientras se machaca con el anterior aunque tenga varios días de antigüedad y ahí se termina la cosa. Es más, algunos diarios tienen un apartado especial y los noticieros televisivos y radiales también incluyen “Inseguridad” a la par de las secciones de “Política”, “Sociedad”, “Deportes”, “Internacionales”, etc.
    He aquí la primer premisa de la zoncera: la presentación del “gran drama” sin introducir un análisis profundo de los acontecimientos, las causas, los actores que intervienen, las circunstancias, las particularidades de cada caso, la exposición de imágenes, zócalos y comentarios que dan cuenta de una visión superficial, corta, amarillista, en los cuales se observa a la realidad en forma lineal, sencilla y parcializada, sin responder a la complejidad que esta presenta y recurriendo descaradamente al sensacionalismo y la búsqueda del impacto y la charlatanería con la sangre aún caliente derramándose  en la vereda. Claro, en eso se basa la zoncera. “Su fuerza no está en el arte de la argumentación. Simplemente excluyen la argumentación actuando dogmáticamente mediante un axioma introducido en la inteligencia –que sirve de premisa– y su eficacia no depende, por lo tanto, de la habilidad en la discusión como en que no haya discusión”, dice Jauretche.
    En el marco de esa visión parcializada y lineal de la realidad se apunta directamente al culpable del problema: “el delincuente”. A partir de esto  se elabora el estereotipo, se lo muestra como el gran peligro, como el enemigo público. Por lo general se trata de jóvenes pobres; “marginales” se dice, en lugar de “marginados”; se los localiza geográficamente: las villas y asentamientos; se lo viste: ropa deportiva y visera (no “gorra”, porque eso usan los milicos); y ya está, eso es la inseguridad. Ahí están los que causan la inseguridad, el gran padecimiento de la Patria, limpiando vidrios, drogándose en la esquina, con su botella de cerveza y la sabiduría de ser inimputables. De esta manera se eslabona la segunda premisa de la zoncera con la primera: el gran problema es la “inseguridad” y los culpables son los “delincuentes”. Claro que el concepto de delincuente se encuentra bien delimitado, no incluye a los que implementaron un sistema que escupe gente, a los que ahora quieren volver a implementarlo y sólo ofrecen palos (o balas) para los que fueron excluidos, los empresarios garcas, los (oli) garcas a secas,  los milicos del gatillo fácil y ladrones de uniforme, los que le dan un arma al pibe, los que le venden la gilada hecha  con desperdicios y porquerías… Esa es la trampa, así actúa la zoncera, limitando y distorsionando los argumentos, anulando la discusión.
Las zonceras se repiten innumerable cantidad de veces, de manera mecánica, sin reflexionar sobre ellas y, peor aún, pensando desde ellas. En  declaraciones de Duhalde se puede observar claramente cómo se elude la reflexión y se manipula con  la zoncera. El candidato “del orden y la paz” expresó que  “El chico que mata no puede estar ni un día en la calle”. Claro, el pibe que mata es un peligro (para los demás) en la calle. Fácilmente se señala el problema y se localiza al problemático. Pero nada se dice acerca de que la calle es un peligro para el pibe. El problema no es que el pibe esté en la calle, sino que sea una amenaza para ese nosotros clasemediero, miedoso, medio pelo y amarrrete en todo sentido (incluyendo su mezquindad para pensar).  Las palabras de Duhalde, por otro lado,  son un claro reflejo de su concepción del Estado, de la  reducción a su faz represiva. Desde esta postura, el Estado debe acordarse de los pibes cuando estos pegan un tiro y no antes, tiene que estar presente para castigar y no para garantizar derechos.
    Siguiendo esta línea de pensamiento que nos propone la zoncera de la inseguridad, llegamos a lo que se presenta como la necesidad de “solución inmediata”. En este sentido, las que se exponen, o las que se hacen más visibles (desde algunos medios, administradores de la zoncera) son las que se muestran como las más fáciles, las del camino más corto. Y esto no es una contradicción, ya que la zoncera en sí lleva a esta conclusión: si el culpable es el delincuente, la solución debe basarse este punto, es decir, en el castigo y la represión a éste. Y como la situación es insoportablemente cruel y sangrienta ya que, como se ha hecho un lugar común, “nos están matando”, la respuesta no se debe detener en cosas tales como los Derechos Humanos, el análisis y el debate de este problema que tenemos como sociedad, ni en el camino largo e indirecto  que propone el Proyecto Nacional y Popular.  Entonces no podemos detenernos en tapujos. Hay que atacar al causante del gran drama, al cáncer de nuestra Patria, al delincuente, al pibe chorro. Y si ya tenemos al problemático, qué otra cosa se puede proponer que no esté basada en la represión (esa palabrita tan maltratada que hoy legitima Duhalde). Hay que encarcelar a pibes de 14 años, hay que aplicar la mano dura (siempre apelando a que “así se hace en los países serios”) , hay que endurecer las penas, hay que poner más policías en las calles, hay que darle “más libertad para actuar” a estos, hay que sacarle derechos (humanos, porque, aunque la zoncera lo niegue, son humanos) a los “delincuentes” o, algo más efectivo y fácil de enunciar (ya que también se ha convertido en un lugar común), “hay que matarlos a todos”.
        Es allí cuando se puede visualizar todo el entramado al que es funcional esta zoncera. Porque, como afirma Jauretche, por un lado están los zonsos que difunden la zoncera (la zoncera no es congénita y por lo tanto “no somos zonsos, nos hacen zonsos”) y por otro los “vivos” que la administran. Ya que  “muchos son excesivamente vivos porque ese es su oficio y conocen perfectamente los fines de las zonceras que administran”. Y allí están, los candidatos del orden, de la paz, de la seguridad para tomar los micrófonos inmediatamente después de las imágenes del tipo tirado en la vereda con un tiro sobre el charco de sangre y vender su “solución inmediata”. “Esto se arregla en un año”, dice Duhalde. “Francisco De Narváez, un hombre capaz de dar seguridad”, fue la carta de presentación (en gigantescos y costosos afiches) del millonario colombiano al que nadie conocía y llegó a ganar una elección en la provincia de Buenos Aires acompañando el discurso de la zoncera nada más que con el “Alica, alicate” del megayou  televisivo. Felipe Solá (o Sola, como dicen sus simpáticos cartelitos), ofreciendo la “Seguridad” en primer orden dentro de sus propuestas o Mauri Macri con sus titanes del orden viríl  y la alternativa entre encarcelar o matar a los trapitos.       
Problema
Solución
      


             Entonces, retomando la enunciación que elaboramos para designar la zoncera:   “el mal que aqueja a la Argentina es la inseguridad y la solución debe ser inmediata”, podemos decir que el concepto de inseguridad resulta tendencioso y parcial, se trata de una construcción que es funcional a un discurso que se visualiza en la forma en que desde algunos medios de comunicación (los “vivos” que administran la zoncera) se muestran los hechos. Por otra parte, es verdad que esos hechos que  se encolumnan bajo el concepto de “inseguridad” son reales, tan reales que se utilizan para anular cualquier argumentación que quiera romper con este discurso, ya que en eso se basa la zoncera, en impedir el pensamiento, simplificar la realidad y cancelar la discusión.  Y en este sentido la “solución inmediata” es sólo concebible en la medida en que se piense este problema a partir de la zoncera, es decir siguiendo la línea lógica que se nos presenta desde ella: Problema: inseguridad; Culpable: delincuente; Solución inmediata: represión. Y creyendo en esta salida, gran conclusión a la que nos lleva la zoncera, es que  podemos creer (y votar) el “plan” de los candidatos de la “seguridad”.
      “Descubrir las zonceras que llevamos adentro es un acto de liberación, es como sacar un entripado, pues hay cierta analogía entre la indigestión alimenticia y la intelectual. Es algo así como confesarse o someterse al psicoanálisis –que son modos de vomitar entripados- y siendo uno el propio confesor o psicoanalista. Para hacerlo sólo se requiere no ser zonso por naturaleza, simplemente estar solamente azonsado, que así viene a ser cosa transitoria, como lo señala el verbo”, nos dice Jauretche.
        Por eso, yo prefiero el camino más largo


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